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testimonios
ana sanchez - dustinANA SÁNCHEZ

¡Hola! Me llamo Ana. Tengo 57 años y una nieta preciosa. Ya hace 5 años que fui por primera vez a Kenia y Elías quería que yo escribiera mi experiencia. La verdad es que escribir no es lo mío, pero el otro día me lo encontré y se lo prometí.  Voy a intentar transmitir lo que a mí me ha pasado, aunque es difícil. Esto se tiene que vivir y sentir. Lo primero decirles que ha sido el mejor regalo que Dios me ha hecho en mi vida. El sitio donde he ido con los Misioneros Combonianos se llama Amakuriat y la tribu, los Pokot; ni siquiera sale en el mapa. Pero allí quiso Dios que yo llegara, y en este momento no puedo dejar de llorar. Empieza a salir todo lo que he vivido.
África no es sólo pobreza, enfermedades, sufrimiento. En su gente, gente maravillosa, es amor, es color. Allí está una parte de mi corazón, un corazón que ha cambiado desde que fui allí por primera vez.. Ellos me han enseñado a amar amándome a mí, a cambio de nada, ni siquiera me podía comunicar con ellos. Nos comunicábamos amándonos, tocándonos, mirándonos.  Allí no llega nada de este mundo, ni carreteras, ni luz, el agua tan escasa, tantas horas para encontrarla. Son 29 poblados, sólo en dos o tres se puede comprar algo. El resto no conocen ni siguiera el dinero, comen muy poco, algo de maíz y sangre mezclada con leche. Pero eso a ellos no les importa, siempre están alegres, y tienen tiempo para todo. La primera vez que fui estuve 3 meses y medio. Fue muy fuerte, yo no podía entender lo que mis ojos veían. Aunque yo deseaba ir a África, no fue un capricho, fue un sentimiento muy profundo, a veces quería gritar: ¿por qué tanta injusticia? Pero cuando estaba con la gente y veía su amor, la paz y el silencio entraban en todo mi ser y me sentía la criatura más feliz de la tierra. He vivido cosas muy duras y si las tuviera que contar no terminaría nunca. Todo esto me ha hecho crecer tanto que no tengo boca para darle gracias a Dios por todo el bien que me ha hecho. Amakuriat es ese sitio donde Dios quiere que lleguemos y amemos. 

Allí todo es a lo grande. Si llueve se inunda todo y la naturaleza es una explosión de amor en todos sus sentidos. Cada día es un puro milagro, se puede sentir la presencia de Dios y tocarlo con tus manos.  Allí la vida, la muerte, la sexualidad, nada tiene importancia. Se vive el momento. Si vierais cómo soportan el dolor, cómo viven la muerte, una vergüenza de mí, no puedo evitarlo, con todo lo que he vivido y aún sigo enganchada en el primer mundo. Con los Pokot los Misioneros Combonianos llevan 30 años y ¡queda tanto por hacer! Cuando voy, el dinero que se recauda es para hacer pozos y escuelas. Eso es lo más necesario: agua para poder vivir y escuelas para aprender. También se han hecho otros proyectos. Yo amo a África, viajar hasta allí ha prolongado mi vida, la ha llenado de rostros, de paisajes. Me nacen nuevas ideas y lo más importante, mueren otras, y fui descubriendo que todo el mundo se equivoca. Me implicaba, me asombraba, me estremecía, sentía la ternura, el temor de las personas: también es una forma de crear. Retienes cuanto ves y oyes; y luego uno trata de interpretarlo, viajar nos hace cada vez más libres. Deciros que no soy especial, que todos podemos hacer las cosas que el Dios de nuestro corazón quiere que hagamos, Sólo tenemos que pararnos y escucharlo. Este año pasado mi regalo de Navidad ha sido pasar desde el 30 de noviembre hasta el 6 de enero con ellos.  Unas Navidades que nunca podré olvidar.  Ahora ellos me llaman Chemosot.  Éste es mi nombre Pokot.   Gracias por compartir vuestro tiempo conmigo y deciros otra vez que África es su gente, gente que cuando llegas te dicen “Caribú” (bienvenido) con el alma, y “asante sana” (muchas gracias) con el corazón.

Nota: Ana Sanchez es Presidenta de Calor y Café de Granada. Lleva diez años yendo continuadamente a Kenia a la zona de Amakuriar y ha promovido mas de treinta proyectos diversos de agua, educación, sanidad y desarrollo humano y socioeconómico.

Jóse Carlos.
“Tienen un nombre y una historia, pero también tienen unos derechos que a menudo hemos dejado aparcados a un lado, y hemos de ayudarles a recuperarlos. Lo que no hagas tú quedará por hacer y no pienses que otro lo hará por ti".

Conchi y Pepe.
“Vale la pena crear espacios de convivencia donde se fomente el respeto y la tolerancia hacia la diferencia. La sociedad no cambia en función de montajes espectaculares. Los grandes cambios sociales han llegado siempre de manera desapercibida a partir de las pequeñas cosas que hace que cada uno. Si somos capaces de ir creando un entorno que acepte al otro con la única pretensión de ver una persona, posiblemente con mucho sufrimiento en las espaldas, contribuiremos a crear espacios de convivencia aptos para todos...".